viernes, 29 de junio de 2012

No No No No No!!!!!






El silencio del último tiempo tiene que ver con un cambio drástico en nuestras vidas y en la vida de Baby Girl. El cambio se llama “gateo”, aquella actividad motriz que tanto estimulamos y que ahora no sabemos cómo detener. ¿Se acuerdan de ese comercial de Duracell con el conejito que tocaba el tambor? Bueno, la batería de mi hija dura diez veces más que la del conejito tamborillero. 

¿Quién dijo que el gimnasio era necesario para ponerse en forma? 

Gracias a Baby Girl, debo quemar algo así como 850 calorías en 24 horas. Ahora que Baby Girl gatea, mis glúteos no reposan más de 2 minutos sobre la misma superficie. Y eso incluye aquel asiento que bien todos conocemos y que de vez en cuando necesitamos más de dos minutos en él. En resumen, mi vida es un constante ejercicio de sentadillas, elongación y levantamiento de pesas (léase Baby Girl). 

Debo ser justa en este momento y decir que Mr. Right comparte el mismo entrenamiento, y también le ha  tocado jugar al policía con Baby Girl. Y me di cuenta de eso cuando en medio de la noche me levanté al baño y Mr. Right me atacó por la espalda, atajándome como una pelota de rugby porque pensó que era Baby Girl que se caía de la cama. Me salvé del marcapaso por suerte y a pesar del susto es bueno ver que Súper Daddy está siempre listo.[1]

Con tanta movilidad y tanto objeto amenazante en nuestro departamento, tuvimos que tomar la decisión de deshacernos de los muebles o comprar una jaula. Optamos por lo último; aunque algunos padres deciden llamarle corral para sentirse mejor. Pero es una jaula. Cuando compramos el corral por internet, una de las fotos tenía un perrito dentro. ¿Ven? Es una jaula. Pero no nos sentimos mal al respecto, estábamos llegando a un momento crítico, sobre todo cuando la velocidad del gateo alcanzó los 20 km/h y el escalado se volvió de tipo profesional.

Últimamente me he estado preguntando qué es lo que tienen los creativos de Fisher Price en la cabeza. Después de invertir cierta suma de dinero en juguetes que prometen estimular el desarrollo psicomotriz y bla bla bla, me he dado cuenta que por más colores o sonidos que el juguete tenga, nada va a igualar el interés por aparatos oscuros y  sin gracia como el control remoto, el Iphone o Blackberry. Señor Fisher Price, es necesario que su compañía haga un aparatito así, aburrido y sin tanta parafernalia, pero libre de BPA y todos esos últimos descubrimientos que sirven para el marketing y que promueven la paranoia en los padres. Después de todo, creo que un Iphone sí puede estimular el desarrollo psicomotriz de un bebe, eso lo confirmé cuando mi hija de 9 meses mandó un Whasapp. Escribió “Npspipioxa” algo en idioma infantil que aún no descifro. Menos orgullosa me sentí cuando me desconfiguró el teléfono en exactamente 45 segundos. Lo mismo hizo con el equipo de música, probablemente en 30 segundos. Vuelta a Fisher Price, “mira mira qué lindos los botones de colores, aló aló quién llama”…Baby Girl no habla pero la mirada que me dio decía algo así como “y tú creís que soy h…”.

De vez en cuando,  saco a Baby Girl de la jaula, cuando quiero hacer gimnasia. Y empieza la persecución. El promedio de veces que digo “No” durante el día debe ser algo así como 387. Pero no importa cuantas veces lo diga, Baby Girl aún no comprende el significado de una de las palabras más importantes del vocabulario. Si no la entiende estamos en serios problemas. Imagínense las consecuencias futuras de la inhabilidad para entender "no"…. Sí, es grave. 
Ya he probado con dos técnicas y ambas han resultado ineficaces.
 
  1. La técnica del aplauso fuerte acompañado del “No” 
Reacción de Baby Girl: sonrisas y aplausos por parte de ella, celebrando que probablemente ha hecho algo bueno o divertido.

  1. La técnica del “No” con voz grave y fuerte con escalada de grito:
Reacción del Baby Girl: Ninguna, cara de póker y continua con la travesura. Reacción del vecino: golpe en la puerta preguntando si todo está bien. No, no está todo bien… Mi hija no entiende la palabra No.


 


[1] Si uno lee este párrafo muy rápido va a extraer las palabras “Mr Right”, “atacó por la espalda” y “siempre listo”… ojo con la comprensión lectora, este blog no se trata de eso.

jueves, 10 de mayo de 2012

Quiero ser Victoria Beckham


En Londres no tengo ni familia, ni nana, ni auto, ni ascensor para subir el coche hasta el segundo piso. Sumado a eso, es Londres, es decir llueve día por medio, y si hay que ir al supermercado, se saca el paraguas, se cubre el coche y allá vamos.
Ahora que lo escribo suena medio miserable, pero la verdad es que si lo pienso bien, a no ser que seas Victoria Beckham, la mayoría de los padres jóvenes en Londres vive así. Porque la verdad es que nadie viene de Londres, somos todos extraños en esta tierra, con los nuestros algo lejos, a un tren o un avión de distancia, a un canal o a un océano. La familia es pequeña y se aprende a vivir así, los tres, en las buenas y en las malas, bajo lluvia o bajo el sol, la vida sigue y donde vaya yo ahí también va mi Baby Girl. El coche es una extensión de mi brazo y mi cartera un depósito de pañales.

Ya que no tengo mucha ayuda, y con Mr. Right trabajando todo el día para traer el pan, tengo que volverme en una mezcla de Mary Poppins y Martha Stewart y por supuesto que mi versión de ambas deja mucho que desear. Pero se hace lo que se puede, Baby Girl siempre está feliz y en la noche siempre hay comida calentita en la mesa. Puedo dormir tranquila.

Pero tanto quehacer doméstico y actividad parental ha tenido cierto impacto en mi imagen personal… por así decirlo. Es bien poco el tiempo que tengo para ser vanidosa, me gustaría, pero secarme el pelo es un lujo por estos días…De vez en cuando me quedo dormida limándome las uñas, a eso le llamo manicure.

Siempre hay un momento o una situación que nos hace tocar fondo y que nos invita a tomar cartas en el asunto. Para mí fue darme cuenta de que andaba con una pierna depilada y la otra no (aún no se cómo sucedió eso, es un misterio sin resolver). Fue en ese entonces que llegué a la conclusión de que necesitaba hacer algo por mí misma y mi glamour interno, sentirme guapa como Victoria Beckam, que tiene cuatro hijos y dignidad.

Es la hora de ir a la peluquería, me dije. Decido que es hora de cortarme el pelo y verme buenamoza. Y no quiero esperar hasta el sábado, donde puedo dejar a Baby Girl con su papá (que es lo más sensato). No, quiero ir ahora, porque si no, me arrepiento. Tengo que pensar estratégicamente ya que tengo que llevar a Baby Girl conmigo, porque como les contaba, no hay nana ni abuela, ni tía “que me la vea un ratito”.

Podría pedir hora al estilista top (que sería lo más sensato nuevamente) pero queda más lejos y se demoraría mucho entre tanto profesionalismo y dedicación (quién quiere eso! Ja). O podría ir a la polaca de la esquina, rapidita y no habla inglés, por lo tanto no tengo que conversar y me ahorro minutos. Hecho. 

Con mucha inocencia, dejo a mi hija sentada en su coche para que vea como su mamá se vuelve linda de nuevo. Pero Baby  Girl cree que es injusto así que prefiere sentarse en la falda de su mamá. Después de mojarme el pelo (ya viene lavado, hay que ahorrar tiempo) la peluquera decide SECARME el pelo para cortármelo. De verdad que no entiendo mucho la lógica, pero será “the polish way”. El problema es que a Baby Girl no le gusta el secador de pelo, y llora desconsoladamente cada vez que lo encienden. No más secador. Baby Girl quiere jugar con todos los productos del tocador, entonces mientras me cortan el pelo, yo me estiro para un lado y para el otro recogiendo peinetas, cepillos, laca, pinzas, tubos. Ahora que viene la chasquilla, trato de que Baby Girl se quede tranquila, al menos que eso quede bien, pienso para mí y rezo para allá. Después de sacudir a Baby Girl, llena de pelos, quitarle la peineta y ponerla en el coche a regañadientes, le pago a la peluquera y me voy.

Mientras caminaba de vuelta a casa sintiéndome como una artista de Hollywood, o en un comercial de Ballerina o Timotei, me miré en el reflejo de la ventana de un auto. Movida por mi curiosidad me acerqué a ver la imagen reflejada… y ahí la (me) vi: la Chimoltrufia. 

Mr Right dice que siempre me veo linda. Pero eso lo dice porque es Mr. Right. Baby Girl siempre me quiere, linda o fea. Pero es porque soy su mamá.

 Y yo… yo quería verme como Victoria Beckham.

jueves, 26 de abril de 2012

Mamá Hulk




A veces soy malgenio. A veces me enojo con objetos, como si estuvieran confabulados contra mí. Como los audífonos por ejemplo. No importa cuán bien los enrolle, siempre se enredan. Siempre.

Hay días soleados que siento que los pajaritos me cantan en el oído y las flores florecen a medida que me ven pasar, como en esa escena de la película La Bella Durmiente de Disney. Hay días en que llueve estilo “ducha” como le dicen aquí y siento que los pajaritos son murciélagos rabiosos que me atacan por la espalda y las flores se marchitan con mi presencia. Pero sólo a veces.

La mayoría del tiempo, trato de ser simpaticona. Pero a veces, cuando no duermo bien, me caigo al lado oscuro y me transformo en Hulk. Para Baby Girl siempre tengo sonrisas, eso está claro, no puede ser distinto, no tiene la culpa. Pero alguien tiene que pagar, alguien tiene que recoger mi ira y los audífonos, en este caso, hacen oídos sordos. Y para eso NO está Mr. Right tampoco, mal que mal él no tiene la culpa. Ahora el problema son sus comentarios desafortunados e inocentes que despiertan a Hulk. 

Escenario 1: Primeros meses: mamá amanta, saca chanchitos, cambia pañales, amamanta, saca chanchitos, cambia pañales… (repitan estas frases 8 veces más agregando una ducha y una comida). Papá trabaja mucho e intenta ayudar a Mamá para que ella se duche. Papá toma a Baby Girl y luego de cinco minutos Baby Girl llora. Aquí viene la primera frase: “Parece que tiene hambre” (léase: uf, parece que hasta aquí no más llegué yo, es que no tengo pechuga…risas). Y Hulk hace su primera entrada.

Escenario 2: Mamá carga a 9 kilos de guagua durante el día, mientras amamanta, mientras ordena, mientras cocina, etc. Mamá sube y baja coche con Baby Girl por las escaleras. Mamá duerme con mitad del cuerpo fuera de la cama porque Baby Girl ocupa el 40% y papá el otro 50%. Papá llega de la oficina y carga a Baby Girl por un rato; ha llegado el momento que tanto anhela de subirla a sus hombros y ver como Baby Girl se ríe a carcajadas ahora que ve el mundo desde un rascacielos. Al día siguiente viene la segunda frase: “Estoy con un dolor de espaldas…, parece que donde subí a Baby Girl a mis hombros (anchos y fuertes) me quedé adolorido”. Y Hulk le recuerda a Mr. Right de su escoliosis maternal.

Escenario 3: 11 pm y Mamá y Papá se acuestan a dormir, esperando el milagro de despertar con los pajaritos y no con un llanto. Mamá comienza a soñar (probablemente algo relacionado con Hipoglós). 2am, Baby Girl tiene hambre. Toma papa y vuelve a dormir. Mamá se acuesta y vuelve a soñar (con Baby Girl). 4 am, Baby Girl quiere un abrazo… y se lo va a dar. Pero quiere que la abrace en la cama de Mamá y Papá y para allá vamos, todos juntos durmiendo como una familia feliz. 6am: Me despierto durmiendo con un pie en el suelo (como en mi mejor época universitaria, sólo que ahora no es por mareo sino porque me estoy cayendo de la cama). Baby Girl duerme como un ángel así que decido, sigilosamente, pasarla a su cama. Me vuelvo a dormir, ya no sé si sueño. 7am: Suena el despertador y cantan los pajaritos y aquí viene la tercera frase de Mr. Right: ¡Buenos días! (con tono fresco y descansado), ¿Baby Girl durmió de corrido toda la noche???. Hulk no dice nada. Sus ojeras lo dicen todo.

Escenario 4: Papá se levanta a un nuevo día que incluye clases de box, almuerzo con clientes, cierre de un negocio, un mousse de chocolate, una broma de un colega y un cachorro labrador en el camino. Mamá se levanta a un nuevo día que incluye amamantar, sacar chanchitos, cambiar pañañes y bueno, ya les conté. Papá llega a casa después de un día de adrenalina y aquí viene la otra frase: ¿Cómo te fue hoy mi amor?...daaahhhh ¿cómo me fue en el baño?. Por un momento quiero decirle que cuando bajé a botar la basura me encontré con Hugh Grant, pero me abstengo. Hulk sabe más.

Pero no importa cuantas frases gatillen a Hulk, no son muchas; porque siempre hay una que Mr. Right me dice. Ésa me la guardo para mí. Pero cada vez que la dice, los pajaritos vuelven a cantar y las flores a florecer, como en La Bella Durmiente[1].







[1] "Bella Durmiente"… Risas (Ni Bella, ni Durmiente, ni Rubia)